Pero antes de cualquier tratamiento se hace importante medir la calidad del agua con la cual se va a trabajar porque no todas las aguas son iguales. Para poder medir la calidad nos basamos en tres parámetros, el físico donde evaluamos color, sabor, olor, turbiedad, conductividad y resistividad; y los químicos como pH, dureza, sulfatos, fosfatos, entre otros, también es de igual importancia evaluar la contaminación biológica y orgánica del agua.
Existen unos criterios generales como aguas de proceso, la coagulación y la floculacion, que se tienen en cuenta para la selección de un tratamiento del agua.
Veremos dos tratamientos el primero es el antincrustante que evita los precipitados y la formación de lodos en las calderas y el segundo el tratamiento anticorrosivo.
Para poder mantener la eficiencia de una caldera y prolongar su vida útil es necesario mantener la calidad del agua de alimentación bajo los estándares que estipulan las normas, con tratamiento acordes al agua de uso y con un buen manteamiento periódico.
